El perfume en el cine: fragancias que marcaron la pantalla grande.

El perfume en el cine: fragancias que marcaron la pantalla grande.

El cine siempre ha tenido la capacidad de transportarnos a mundos paralelos a través de imágenes, música y actuaciones memorables. Sin embargo, existe un elemento invisible que, aunque no puede percibirse directamente en una sala de proyección, ha estado presente en muchas películas como símbolo narrativo, detonante emocional o sello de identidad de un personaje: el perfume. La fragancia, pese a no poder olerse en la pantalla, ha jugado un papel crucial en el séptimo arte, convirtiéndose en metáfora de deseo, misterio, poder o memoria.

El perfume como recurso narrativo

El olfato es el sentido más ligado a la memoria y a las emociones. En el cine, esta característica se aprovecha para dar profundidad a los personajes y construir atmósferas cargadas de significado. Una fragancia puede sugerir seducción, marcar el carácter de un villano, o incluso convertirse en el motor central de una trama. Así, aunque el espectador no pueda oler, el guion y la puesta en escena evocan con palabras, gestos y símbolos el impacto de un aroma.

Quizá el ejemplo más evidente sea la adaptación de la célebre novela El perfume: historia de un asesino (2006), dirigida por Tom Tykwer. En esta obra, el personaje de Jean-Baptiste Grenouille vive obsesionado con capturar la esencia perfecta. La película recrea un mundo en el que los olores dominan la vida del protagonista, y aunque el público no pueda percibirlos, la fotografía, los colores y la música sugieren esa intensidad sensorial. Aquí, el perfume no es un accesorio, sino la esencia misma de la historia.

Fragancias que definen personajes

En numerosas películas, el perfume ha sido un rasgo distintivo de ciertos personajes, funcionando como una extensión de su personalidad. En Scent of a Woman (Perfume de mujer, 1992), Al Pacino interpreta a un coronel ciego cuya sensibilidad al olfato lo convierte en un ser único. El título mismo hace referencia a esa atracción inmaterial que despierta el aroma femenino, reforzando el peso de la fragancia como elemento poético.

Otro caso emblemático aparece en Breakfast at Tiffany’s (1961). Aunque no se menciona de forma directa en pantalla, Audrey Hepburn quedó asociada para siempre con L’Interdit de Givenchy, un perfume creado especialmente para ella por Hubert de Givenchy. El aura sofisticada y enigmática de Holly Golightly parece impregnada de esa esencia floral y elegante, lo que generó una simbiosis entre cine y perfumería que trascendió las décadas.

También se puede citar a James Bond, ícono de la elegancia masculina en el cine. Aunque el personaje no se relaciona explícitamente con un perfume en particular dentro de las películas, las marcas han aprovechado su figura para lanzar ediciones inspiradas en su estilo sofisticado y seductor. La asociación entre 007 y las fragancias de lujo refuerza la idea de que un aroma puede ser tan letal y seductor como el propio espía.

El perfume como símbolo de poder y deseo

El cine también ha mostrado al perfume como un símbolo de poder. En Coco avant Chanel (2009), se retrata la historia de Gabrielle Chanel y el nacimiento del legendario Chanel Nº5, un perfume que no solo cambió la historia de la moda, sino que también se convirtió en un emblema cultural. El film destaca cómo una fragancia puede ser un arma de independencia y un legado inmortal.

En otro extremo, en películas de tono más sensual como Basic Instinct (1992), el perfume no se menciona de forma literal, pero sugiere un trasfondo. La sola presencia de Sharon Stone transmite la idea de un aroma envolvente que atrapa y confunde, reforzando la noción de que la fragancia, aun invisible, tiene un poder casi hipnótico.

Perfume y memoria en el séptimo arte

La memoria olfativa es uno de los recursos más potentes del cine cuando se trata de hablar de recuerdos y emociones. Un aroma puede transportar a un personaje —y al espectador— a otra época, a una persona perdida o a una etapa de la vida que parecía olvidada. En este sentido, las películas recurren al perfume para simbolizar nostalgia o para evocar la presencia de alguien que ya no está.

Un ejemplo se aprecia en La dama del perfume (1949), un film noir francés donde la fragancia es el hilo conductor de un misterio cargado de tensión. La idea de que un simple aroma pueda desenterrar secretos o desatar pasiones es recurrente en este tipo de relatos, reforzando el vínculo entre olor, recuerdo y destino.

La alianza entre cine y marcas de lujo

No puede ignorarse que el cine también ha servido como plataforma para que las marcas de perfumes se afiancen en la cultura popular. Desde actrices como Marilyn Monroe, quien inmortalizó al Chanel Nº5 con su célebre frase de que solo dormía con unas gotas de esa fragancia, hasta campañas publicitarias protagonizadas por rostros de Hollywood, el séptimo arte ha sido un escaparate ideal.

Películas contemporáneas siguen reforzando esa conexión. Muchas veces, una fragancia es mencionada o sugerida para dar más realismo a los personajes. Al mismo tiempo, los perfumes encuentran en el cine la narrativa perfecta para contar historias de deseo, seducción o misterio, algo que la publicidad tradicional no logra transmitir con igual intensidad.

El perfume en el cine demuestra que lo intangible puede tener un enorme peso narrativo. Aunque no se pueda oler en una sala, una fragancia puede convertirse en protagonista, en símbolo de poder, en detonante de recuerdos o en reflejo de la personalidad de un personaje. Desde adaptaciones literarias como El perfume, hasta íconos inmortalizados como Audrey Hepburn y Chanel Nº5, la relación entre cine y fragancia ha dejado huella en la pantalla grande y en la memoria del público.

El cine nos enseña que, al igual que un buen perfume, una película puede permanecer en nuestra mente mucho tiempo después de haber terminado. Y quizás, sin darnos cuenta, cada escena que recordamos está impregnada de un aroma invisible que la hace inolvidable.