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Cuando comencé a interesarme en el mundo de las fragancias, admito que me confundían mucho las etiquetas. Iba a una tienda y veía frascos con distintos nombres: perfume, eau de parfum, eau de toilette, colonia… y sinceramente no entendía qué los diferenciaba. Pensaba que todo era lo mismo, solo que con precios distintos. Con el tiempo descubrí que esas palabras esconden un detalle fundamental: la concentración de aceites aromáticos, que determina la intensidad, la duración y hasta la manera en que una fragancia se percibe en la piel.
Al principio me dejaba llevar únicamente por el aroma en la primera prueba. Pulverizaba un poco en una tira olfativa o en la muñeca, y si me gustaba, pensaba que era suficiente. Sin embargo, con el paso de los días me daba cuenta de que algunas fragancias desaparecían rápido, otras me acompañaban durante horas, y unas pocas se quedaban impregnadas hasta en mi ropa. Fue entonces cuando comprendí que debía aprender qué significaba cada categoría.
Desglosando intensidades:
Elixir.
El más recientemente me encontré con el término Elixir. Al principio me sonaba a puro marketing, pero luego descubrí que es una tendencia real en la perfumería moderna. El Elixir suele representar una versión aún más intensa y concentrada que el eau de parfum, cercana al extracto de perfume pero con un enfoque más contemporáneo. Mi experiencia al probar uno fue sorprendente: la fragancia era densa, opulenta y con una fijación extraordinaria. Sentí que cada nota se desplegaba con majestuosidad, como si estuviera diseñada para dejar una huella imborrable. Eso sí, me di cuenta de que no es para cualquier momento; el elixir lo reservo para ocasiones especiales o noches en las que quiero que mi aroma sea inolvidable.
Perfume.
El perfume en sentido estricto, también conocido como extracto de perfume o parfum. Este es el más concentrado, con un porcentaje de aceites aromáticos que puede rondar entre el 20% y el 30%. Cuando probé por primera vez un verdadero extracto de perfume, me sorprendió su potencia. Bastaban unas gotas para que la fragancia se fijara en mi piel durante prácticamente todo el día. No necesitaba reaplicarlo y el aroma se desarrollaba de forma más rica, profunda y envolvente. Eso sí, también descubrí que suele ser la presentación más costosa, precisamente porque concentra mayor cantidad de esencia y se fabrica en menor escala.
Agua de perfume.
Después conocí el eau de parfum (EDP), que se convirtió en mi formato favorito para uso cotidiano. Tiene una concentración un poco menor, alrededor del 15% al 20%, pero conserva una buena duración y una estela notable. Lo que más me gusta es que combina intensidad con versatilidad: puedo aplicarlo en la mañana y seguir percibiéndolo varias horas después sin que resulte abrumador. Para mí, es el equilibrio perfecto entre fuerza y comodidad, por eso la mayoría de mis fragancias actuales son eau de parfum.
Agua de tocador.
El eau de toilette (EDT) fue otro descubrimiento interesante. Con una concentración que oscila entre el 5% y el 15%, su carácter es más ligero. Al principio me decepcionaba un poco porque sentía que desaparecía rápido, pero luego entendí que esa es precisamente su virtud. Un eau de toilette es ideal para climas cálidos, momentos casuales o situaciones en las que no quiero un aroma demasiado intenso. Hoy lo uso mucho en verano, cuando prefiero sentir algo fresco y chispeante que me acompañe unas horas y luego desaparezca sin dejar rastro.
Agua de colonia.
Finalmente está la colonia, también llamada eau de cologne. Este formato tiene la concentración más baja, normalmente entre el 2% y el 5%. La primera vez que probé una colonia, pensé que era un “perfume de baja calidad”, pero más tarde descubrí que su propósito es distinto. La colonia ofrece frescura inmediata, notas ligeras que revitalizan, pero que no están pensadas para durar. Es perfecta después de una ducha, para usar en casa o simplemente cuando quiero sentir un toque limpio sin comprometerme con un aroma intenso todo el día.
Con el tiempo aprendí que no se trata de cuál es mejor o peor, sino de entender qué esperar de cada uno. El perfume es intensidad y lujo; el eau de parfum, equilibrio y versatilidad; el eau de toilette, frescura moderada; y la colonia, ligereza y simpleza. Hoy puedo decir que disfruto cada categoría en su justa medida y las elijo según la ocasión, el clima o incluso mi estado de ánimo.
Entender estas diferencias cambió por completo mi relación con la perfumería. Ya no compro un frasco solo por lo bien que huele en el momento de la prueba, sino también pensando en la concentración, la duración que necesito y el efecto que busco. Para mí, conocer estas categorías es casi como aprender a hablar el lenguaje secreto del perfume.
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